Desde la pregunta sobre el destino de los plásticos no reciclables, hasta la posibilidad de emplear residuos agrícolas en la limpieza de fuentes de agua contaminadas, los investigadores de la Universidad de Lima han logrado avances que permiten mirar el futuro con optimismo. ¿Qué sucedería si esos materiales considerados basura se convirtieran en combustibles o agentes depuradores? Las respuestas, sustentadas en experimentos y desarrollos de laboratorio, refuerzan la idea de que la educación ambiental debe implicar acción, innovación y resultados medibles.
Del residuo plástico al combustible limpio
El proyecto dirigido por Edilberto Ávalos Ortecho, docente de la Facultad de Ingeniería, se centra en el reciclaje de residuos de plástico PET que ya no pueden tratarse por vías convencionales. Solo un 10 % de los más de 400 millones de toneladas de plásticos producidos en el mundo durante 2022 logra reciclarse, mientras que cada kilogramo fabricado desde cero libera cerca de 3,5 kilos de CO₂ a la atmósfera.
Frente a este panorama, Ávalos Ortecho y su equipo han desarrollado una tecnología basada en pirólisis catalítica, un proceso termoquímico que utiliza calor y catalizadores como la zeolita para descomponer el PET sin quemarlo y transformarlo en combustible. “El procedimiento permite obtener alrededor de 200 mililitros de combustible por cada kilogramo de residuo, con una eficiencia energética de casi 89 %”, explicó el investigador a la Universidad de Lima.
El combustible resultante está destinado no solo para hornos industriales, sino también para vehículos, gracias a su calidad superior a 97 octanos. El equipo validó estos resultados mediante simulaciones con el software Chemcad, logrando coherencia entre la experimentación y los modelos digitales. Según Ávalos Ortecho, “el objetivo es doble: reducir los residuos y crear un recurso energético asequible, aplicando los principios de la economía circular y extendiendo la vida útil de los rellenos sanitarios”.

